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Tasa de morosidad.

La tasa de morosidad históricamente es una de las claves que ayudan a los profesionales en la materia a seguir una crisis económica. Se entiende tasa de morosidad como el cociente resultante entre riesgos dudosos (créditos impagados) y riesgos totales (total de créditos concedidos).

Existen varias tipologías para analizar una tasa de morosidad. Esto dependerá de los riesgos sobre los que queramos hablar. Algunos ejemplos de ello son la tasa de morosidad del crédito, morosidad de balance o tasa de morosidad total. Esto supone tener que determinar cuál se va a estudiar, para que los datos se puedan interpretar correctamente.

Tasa de morosidad y tipos de riesgos

Encontramos cuatro situaciones distintas relacionadas con las operaciones financieras:

Riesgo normal. Se corresponde con las operaciones financieras en las que se tenga una evidencia que se pueda verificar y que suponga una probabilidad muy alta o total de que la cantidad prestada será devuelta sin ningún tipo de problema en los plazos estipulados.
Riesgo dudoso. Identificamos este tipo de riesgo con aquellas operaciones en las que el pago conlleva un retraso por encima de los 90 días.
Riesgo fallido. Es aquel en cuyas operaciones se entiende que la recuperación de lo invertido va a ser un tanto dudosa o incierta. Por este motivo se efectúa una baja del activo.
Riesgo subestándar. Este riesgo lo encontramos en un tipo de operaciones en el que no se puede considerar como incierto. Aunque muestra bastante debilidades que podrían suponer un peligro la recuperación de lo invertido. En este caso el banco o la financiera deberá asumir unas pérdidas mayores que la protección que reciben ante estas situaciones.

A la hora de ofrecer cualquier ayuda financiera a clientes para hacer frente a imprevistos o necesidades, las entidades financieras tienen que hacer frente a un riesgo muy alto. Es por ello que en caso de no recibir los pagos correspondientes por la otra parte, hace que la morosidad tenga un efecto muy negativo en el seno de estas empresas. Esto se debe a que tiene que ir solventando todas estas incidencias de crédito, y puede perjudicar a su devenir.

Prevenir el aumento de la tasa de morosidad

Para que las empresas y entidades emisoras de créditos financieros puedan controlar que la tasa de morosidad no suba entre sus clientes, y esto les perjudique lo menos posible, hay una serie de medidas que se pueden aplicar:

  • Documentación de todas las operaciones. Como ya se comentó más arriba, hay que tener la documentación correspondiente a cada operación. Esto se debe a que sin justificantes que den fe de una deuda o transacción, no se podrá llevar a cabo ningún tipo de reclamación. Una factura no será suficiente, si no va con un albarán de entrega firmado por el cliente. En el caso de no haber uno, servirá una copia de esa factura donde se exprese precio, cantidad, condiciones de pago, etc.
  • Poner límite a las operaciones. Cada cliente tendrá un número determinado de operaciones que le serán concedidas. Con esto se intenta evitar riesgos. Esto lo delimitará la solvencia con la que se ha hecho frente a anteriores deudas y el importe solicitado.
  • Siempre hay que comprobar los datos. Cuando se vaya a cerrar una transacción de importancia con un nuevo cliente, siempre se deberá consultar sus datos. Además de para conocer el estado en el que se encuentra con respecto a sus deudas. También confirmará que los datos que da son los correctos.
  • Concretar condiciones de pago. Dejar bien estipulado desde el momento de cerrar una operación de envergadura las condiciones de pago, tanto precio como forma y plazo para liquidar el crédito. Se recomienda el uso de documentos como los pagarés o las letras de cambio, al ofrecer una mayor seguridad.
  • Firma de un contrato. Toda operación de estas características deberá ser oficializado a través de un contrato. Es una especie de garantía que se podrá usar como justificante en caso de incumplimiento. Además en él deben constar todas las condiciones previamente consensuadas (cantidad a pagar, plazos, penalizaciones, intereses, etc.)
  • Realizar correctamente el pagaré. Para tener la certeza de que todo lo que se ha establecido se desarrollará como está estipulado, debe quedar constancia de que quien va a hacer frente a los pagos es quien dice ser. Hay que tener en cuenta fecha de vencimiento y lugar en el que se hará el pago.

Tipología de morosos

Para intentar asegurar que la tasa de morosidad no ascienda, también hay una serie de perfiles de clientes que puede ayudar en el proceso de acometer una concesión de crédito y/o a la hora de efectuar reclamos sobre esos pagos pendientes. Aunque esto es meramente orientativo, no hay una regla exacta que asegure la recuperación de la inversión en este aspecto. Al ser distintos perfiles, en cada ocasión se deberá establecer una estrategia diferente dependiendo del caso. Si se ha producido la deuda, se deberá llevar a cabo un análisis previo adecuado a las circunstancias y al incidente crediticio. Este seguimiento ha permitido crear varias tipologías de morosos:

  • Morosos intencionales. Son aquellas personas que a pesar de tener capacidad para hacer frente a los pagos, no tienen ningún interés en hacerlo. Aprovechándose así de las empresas y compañías que le otorgaron el fraccionamiento. A su vez esta categoría se puede dividir en dos subgrupos:

– Los que nunca terminan por cancelar sus pagos. Es por ello que las sociedades a las que les deben dinero tienen que utilizar unas estrategias más contundentes.

– Los que finalmente dan por pagadas sus deudas. Aunque lleguen a tardar mucho más tiempo del deseado y/o estipulado.

  • Morosos desorganizados. En este grupo podemos encontrar a todos aquellos que tienen intención de realizar los pagos, pero que no saben exactamente las deudas que tienen a cargo. La voluntad de querer cancelar este déficit, choca con el desconocimiento de su situación real.
  • Morosos fortuitos. A esta categoría pertenecen todos aquellos que sí muestran intención de hacer frente a los pagos, pero no pueden por falta de liquidez. Ante esta situación de interés del deudor, las empresas intentan ayudar a éste a que pueda saldar sus pagos. Un ejemplo es establecer una mayor amplitud entre cobro y cobro. Al tenerse la certeza de la recuperación de la inversión.
  • Morosos circunstanciales. En esta tipología los deudores no pueden hacer frente a los pagos. No por falta de intención, sino por estar inmersos en algún tipo de litigio. En cuanto se solventa el problema que impide la cancelación de la deuda, encuentran soluciones para llevarlo a cabo.
  • Morosos negligentes. En este grupo los morosos no tienen un control de las deudas que llevan acumuladas, ni de las letras, ni las cantidades para pagar. Aquí la voluntad de no pagar se une a esta incapacidad de no haber realizado una gestión adecuada de los problemas financieros. Además no muestran ningún tipo de interés en encontrar soluciones.

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